Un postre de pareja para tres, o cuatro...
- Diario de confesiones por Judit Rubio
- hace 6 días
- 3 Min. de lectura

Una relación romántica nunca es fácil, y tampoco hay dos relaciones iguales.
Hablar de desamor, engaños y traiciones es un tema profundo que podría llenar páginas enteras.
Pero lo que realmente quiero decir es que todos, en algún momento y de alguna forma, hemos sido dolidos.
Y aunque hayamos sido heridos, también hemos causado daño, de maneras que a veces ni imaginamos.
Al final, lo más importante en una relación es el respeto, más allá de que todos cometemos errores, en mayor o menor medida.
Para mí, este respeto está en la honestidad y la responsabilidad.
No todo se perdona, pero todo puede perdonarse.
Sí, me engañaron. Y sí, también perdoné. Y, curiosamente, después de perdonar, me quise más a mí misma.
Perdoné porque, aunque me enteré mucho tiempo después de lo ocurrido, nuestra relación ya había cambiado. Estábamos en un lugar más profundo, más maduro (o al menos eso creía).
Aunque la otra persona tuviera sus justificaciones por el momento en el que ocurrió (para mi no había justificación, quizás es algo sobre lo que hablaré en otro post), se pudo hablar con sinceridad y el deseo de comprendernos mutuamente, con responsabilidad. Eso era lo que pensaba, y me lo creí.
Hubo un proceso largo de reconstruir la confianza y la tranquilidad.
Todos venimos de lugares diferentes, y una de mis heridas más profundas es la traición. Pero una de mis virtudes es el perdón y el "olvidar" y volver a comenzar libre de carga y de rencor.
Para mi sorpresa, al principio no me costó tanto, incluso pensé: "Lo he aceptado rápido, qué madura soy".
Pero con el paso de los meses, algo cambió. Empecé a sentir una presión en el estómago, mi cabeza comenzó a imaginar situaciones, y esa incomodidad creció. Nunca había sido celosa, pero empecé a desconfiar constantemente, a no poder estar sin él tranquila, a pensar lo peor y casi obsesionarme con esa tercera persona.
Entonces decidí hablarlo. Aunque me prometió que esa historia ya había terminado hacía mucho tiempo, algo en mi interior seguía inquieto.
Escuchad a vuestro instinto. Cuando sentís que algo no cuadra, que os mienten, lo más probable es que haya algo que realmente no cuadre. Y así fue.
Aunque no hubo un engaño físico (que yo sepa), sí seguía habiendo un contacto recurrente, cariñoso y muy cercano... Un juego sutil de tonteo, donde él dio pie a ello en algunos momentos y no lo cortó en otros. Ahora podría poner la mano en el fuego de que ese juego no fue exclusivo para esa tercera persona y no creo que me quemara.
Lo que realmente hizo que perdiera la confianza en él de manera irreversible no fué que siguiera en contacto,( que si, por como era ese contacto...) fue sobretodo el engaño: llevarlo a escondidas, mentirme, y permitiendo y fomentando que yo fuera, me sintiera la loca, celosa, la desconfiada, la posesiva. Algo que resultó ser falso. Yo no lo era, no lo soy.
Todo eso alimentó mis inseguridades.
Me sentí insignificante, como si yo no fuera suficiente mujer ni pareja, y que quizás por eso era normal que buscara fuera todo eso, porque yo no era suficientemente guapa, sexy, divertida, lista, cariñosa y un largo etcétera que se me ocurrió.
Me lo tomé como una oportunidad, no podía dejarme sentir así. Nadie tiene el poder sobre nosotr@s para hacernos sentir de ese modo.
Estas actitudes hablan más de la otra persona que de nosotros.
Cada uno de nosotros somos suficiente, tal y como somos.
Eso no significa que vaya a desconfiar de todas las relaciones o de todos los hombres. ¡¡Ni mucho menos !!
El trabajo personal, con un buen acompañamiento terapéutico, fué lo que me ayudó a estar en otro lugar conmigo misma. (Siguen habiendo capas que quitar, siempre).
Así que gracias a los capullos integrales que habéis aparecido en mi vida, ahora sé un poco mejor quién soy, y quizás hasta soy demasiado para vosotros.
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